Síntomas no motores digestivos del párkinson: lo que hay que saber.

Una enfermedad más allá del temblor

La enfermedad de Parkinson, aunque conocida por el característico temblor que puede producir en quien la padece, cursa también con muchos otros síntomas. Estas se dividen entre síntomas motores (visibles a simple vista, como dichos temblores) y no motores. Este segundo grupo abarca trastornos sensoriales, autonómicos, cognitivos y digestivos y son precisamente estos últimos los que ocupan el artículo de hoy.

Los síntomas digestivos del párkinson son todos aquellos causados por la enfermedad y que afectan de una u otra manera al sistema digestivo. Entre ellos, los más frecuentes son hipersialorrea (babeo), disfagia (dificultad para tragar), cambios bruscos de peso, estreñimiento, náuseas y vómitos. Todos ellos son una añadido para el paciente con párkinson, ya que dificultan enormemente la vida diaria de las personas.

Síntomas digestivos y el origen del párkinson

Pero, además, la importancia de estos síntomas digestivos ha cobrado una nueva dimensión gracias a una reciente investigación publicada en la revista científica Neurology. Las conclusiones de este estudio revelan evidencias preliminares de que la enfermedad de Parkinson podría tener su origen en el aparato digestivo.

Los responsables del estudio son aún cautos a la hora de establecer un único origen a la enfermedad. Lo que si es cierto es que, en numerosas ocasiones, los pacientes comienzan a padecer síntomas digestivos, tales como estreñimiento, incluso décadas antes de ser diagnosticados.

Este hecho, unido a las investigaciones que siguen llevándose a cabo, podría determinar el aparato digestivo como un elemento clave a la hora de prevenir e incluso entender más en profundidad este trastorno neurodegenerativo.

Bacterias y enfermedad de párkinson

Otro estudio, esta vez publicado por el Instituto de Tecnología de California, ha encontrado una conexión entre las bacterias presentes en el intestino y el deterioro motriz que produce el párkinson.

Estos avances podrían cambiar el enfoque de los tratamientos actuales y conducir a terapias menos agresivas que disminuyan los efectos secundarios. Aunque, de momento, ambas investigaciones no se encuentran en fase avanzada, por lo que la comunidad científica debe seguir trabajando en pos de encontrar nuevas relaciones entre la enfermedad y el aparato digestivo.

Cómo paliar los síntomas digestivos

Con estos estudios en fases demasiado tempranas, la única medida eficaz para paliar estos problemas digestivos (además de la medicación indicada por el especialista) pasa por aplicar una serie de pautas que disminuyan sus efectos.

Es el caso de la disfagia, para la que podemos tomar medidas como: comer sentados y mirando hacia abajo, ingerir raciones pequeñas, mejorando la masticación o evitar las consistencias mixtas de los alimentos. Alrededor del 35% de las personas diagnosticadas sufren este trastorno.

En cuanto a la sialorrea, presente en la mitad de las personas con párkinson, existen soluciones con toxina botulínica que, previa pauta del especialista, se aplican en las glándulas salivales y mantienen un buen efecto hasta 30 semanas después.

El estreñimiento, es, por su parte, el trastorno digestivo más común, presente en el 80-90% de los pacientes de párkinson. Para combatirlo podemos aumentar la ingesta de agua y el consumo de fibra en la dieta, así como la actividad física realizada. Bajo receta de nuestro médico, medicamentos como los procinéticos o los laxantes también pueden aliviar la situación.

La importancia de vigilar cada síntoma

La mayoría de estos síntomas tienen una presentación crónica o subaguda. Sin embargo, sí que pueden existir casos en los que se necesite atención urgente, como pueda ser la disfagia aguda. Por ello, debemos prestar mucha atención a su evolución y comunicar a nuestro médico cualquier cambio en estos síntomas.