¿Lo sientes? Hablemos sobre los síntomas sensoriales en la enfermedad de Parkinson

¿Qué tipos de síntomas se dan en la Enfermedad de Parkinson?

La enfermedad de Parkinson cursa una sintomatología muy variada, que abarca desde las manifestaciones más conocidas y clásicamente asociadas a la enfermedad, como el temblor o la rigidez, hasta otras más desconocidas, como el estreñimiento las alteraciones del sueño. Dentro de este último grupo se encuentran los síntomas no motores sensoriales, que serán los que nos ocupen en el artículo de hoy. Pero antes, debemos aclarar cómo se organizan los síntomas de esta enfermedad.

La primera clasificación divide los síntomas de la enfermedad en motores y no motores. Los primeros se refieren a los que son visibles a simple vista y que suelen representar el primer indicio que nos hace acudir al médico.

Los síntomas no motores, por su parte, tienen que ver con todos aquellos que son ocultos al ojo humano y que pueden estar relacionados tanto con la propia enfermedad como con los efectos secundarios de los medicamentos.

Este grupo de síntomas son menos conocidos que los anteriores, aunque se sabe que son producidos, en parte, por acumulación de cuerpos de Lewy en regiones del sistema nervioso distintas de la sustancia negra compacta. Ello hace que estas manifestaciones no motoras puedan aparecer incluso antes que los síntomas clásicos de la enfermedad.

Síntomas no motores: muchos y variados

Estos síntomas no motores, a su vez, se agrupan en distintas categorías en las que aparecen muchas manifestaciones que, como hemos comentado al comienzo de este artículo, no son tan típicamente asociadas a la enfermedad.

Así bien, los síntomas no motores se dividen en: neuropsiquiátricos (trastornos del humor o cognitivos, confusión, demencias…); relacionados con el sueño (trastornos en el inicio y mantenimiento del sueño o de conducta del sueño REM); autonómicos (disfunción cardiovascular, gastrointestinal, urogenital o termorreguladora); síntomas sensoriales (dolor, calambres, hiposmia…); y otros, tales como fatiga o visión borrosa.

Síntomas sensoriales a fondo

Las personas con párkinson pueden presentar distintas alteraciones en sus habilidades perceptivas (alteraciones visuales, disfunción olfatoria, alteraciones del gusto, hipoacusia y otros trastornos auditivos), así como diversos tipos de dolor o parestesias. Todas estas manifestaciones conforman los llamados síntomas sensoriales de la enfermedad.

En este artículo nos centraremos en el dolor, uno de los síntomas que más preocupan a las personas con párkinson, ya que muchas de ellas experimentan, en algún momento, dolor, rigidez, entumecimiento y hormigueo. En ocasiones estas señales pueden llegar a ser tan severas que dificultan el día a día de estas personas.

Por lo general, este dolor viene dado, en la enfermedad de párkinson, por una de las siguientes causas: problemas musculoesqueléticos relacionados con mala postura; dolor en los nervios o raíces nerviosas; dolor por distonía; incomodidad debida a la inquietud extrema; síndrome doloroso conocido como ‘dolor primario o central’.

Es decir, hay muchos tipos de dolor. Más de la mitad de los pacientes con Parkinson tiene dolor, y en torno a la mitad de ellos se relacionan con la enfermedad. Algunos tipos de dolor mejoran con medicación dopaminérgica al sacar al paciente del OFF, como el dolor distónico o musculoesquelético. Por ejemplo, si un paciente en OFF desarrolla mucho temblor o rigidez, puede presentar dolor en el hombro, y en ON si los síntomas motores desaparecen, no tener dolor. Es por ello que es fundamental la valoración por un neurólogo experto, dado que el manejo puede ser complejo. Algunos analgésicos pueden tener efectos secundarios y deben ser revisados.

La importancia de conocer el dolor

Debido a la frecuencia con la que este dolor aparece en las personas que conviven con la enfermedad, es importante que este dolor no pase desapercibido a la hora de realizar una entrevista médica, y que pongamos en conocimiento del especialista nuestra situación para que éste pueda tratar y aliviar adecuadamente estos síntomas.

Ello toma especial importancia debido a la relación que se establece entre el dolor, que puede llegar a cronificarse y la aparición de procesos depresivos en el paciente. Debemos recordar que un 40% de los pacientes de párkinson desarrollan depresión en algún momento de su enfermedad. Por ello, cualquier factor que aumente este porcentaje, como es el caso del dolor, es sumamente importante y debe ser susceptible de ser controlado por nuestro facultativo. Algunos antidepresivos actúan en las vías de transmisión del dolor y pueden mejorar este síntoma.

No. No estás solo

Más de seis millones de personas viven con la enfermedad de Parkinson en todo el mundo, 150.000 solo en nuestro país. Solo por detrás del Alzheimer, esta enfermedad copa el segundo puesto en enfermedades neurodegenerativas más frecuentes. Por ello queremos recordarte que no estás solo. Todo un ejército de especialistas (médicos, científicos, fisioterapeutas o enfermeros) trabajan sin descanso para paliar y buscar solución a los síntomas de esta enfermedad.

Con ellos y gracias al apoyo de familiares, cuidadores, y a toda la comunidad de personas que viven con esta enfermedad, el diagnóstico de párkinson será un momento mucho más liviano.